Don´t tread on me

Los humanos motivados por nobles ideales son capaces de infligir un terrible sufrimiento con una conciencia limpia

POR QUE LOS INTELECTUALES SON DE IZQUIERDA ?, por hernán bonilla

Que los intelectuales uruguayos son, en su inmensa mayoría, de izquierda es un hecho por demás notorio. Muchos de ellos no sólo son de izquierda, sino de la izquierda más radical, asociada al rechazo al sistema capitalista y a la propia democracia, a la que llaman “meramente formal” o “burguesa”.

Este hecho, de enorme trascendencia para la sociedad, merece un análisis detenido. ¿Por qué hay una mayor proporción de gente de izquierda entre los intelectuales? ¿Pasa esto con todos los tipos de intelectuales, en cualquier país y época? ¿Esto fue siempre así en Uruguay?

Para abordar este tema recurrimos a la explicación sociológica desarrollada por Robert Nozick, en su artículo ¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo?

Nozick fue un brillante filósofo, defensor del Estado mínimo y célebre por la refutación del liberalismo igualitario de John Rawls. La primera constatación de Nozick es que no todos los intelectuales tienen esa propensión anticapitalista tan marcada, por ejemplo, los pintores no la tienen, sino que se presenta en los “forjadores de palabras”, principalmente los escritores. En nuestro país esto se cumple. Entre los novelistas y poetas hay una proporción de anticapitalistas mucho mayor que en la sociedad en su conjunto, lo que no ocurre entre los escultores, por ejemplo.

Nozick busca cuál es el factor que inclina a los intelectuales hacia la izquierda. Señala que los intelectuales tienen una muy buena opinión de sí mismos. Piensan, lo reconozcan o no, que están por encima del resto de la población y que la sociedad debería recompensarlos basándose en sus méritos. Sin embargo, esto no es lo que ocurre en el capitalismo, donde no se premia a las personas de acuerdo a sus merecimientos (que habría que ver quién y cómo los establece), sino que se premia a aquellos que satisfacen alguna demanda.

El mercado no premia el mérito intelectual per se, premia a quien responde a las necesidades de sus semejantes. Está claro que los intelectuales deberían, en todo caso, molestarse con las personas que voluntariamente deciden no darles el lugar que ellos creen merecer, y no con el capitalismo, así como no tiene sentido culpar al mensajero por el mensaje.

¿De dónde sale esta insatisfacción con el funcionamiento de la sociedad? Del primer ámbito donde los seres humanos comienzan a relacionarse: la escuela. En la escuela los alumnos son premiados de acuerdo a sus méritos intelectuales, especialmente por la capacidad de expresión oral y escrita, y no tanto por su capacidad artística o su habilidad para los deportes. Lo mismo ocurre en el liceo y la universidad, donde los futuros forjadores de palabras ocupan las posiciones de privilegio. Sin embargo, a la hora de salir a la calle se encuentran con que su posición cambia radicalmente. Allí no se los premia como en la escuela y, lo que es peor, algunos de sus compañeros de clase son mejor recompensados que ellos, algunos jugando al fútbol, otros siendo empresarios.

De este descenso social que sufren surge el resentimiento anticapitalista de los intelectuales. No tienen tal resentimiento, por ejemplo, los alumnos más populares del liceo, ya que su reconocimiento se derivaba de los medios de relacionamiento informales. Los que se destacan por sus destrezas sociales no adquieren un desprecio por el capitalismo en mayor proporción que cualquier otro grupo.

No debemos olvidar, además, que los futuros forjadores de palabra son formados por los actuales forjadores de palabra. El círculo vicioso de trasmisión de sentimiento anticapitalista queda cerrado.

En nuestro país esto último es especialmente relevante y, para ilustrarlo, voy a poner un solo ejemplo, vinculado a la enseñanza de la economía. En general, cuando nuestros intelectuales eran autodidactas, a mediados del siglo XIX, eran predominantemente liberales. El primer catedrático de economía política de la Universidad de la República en 1861, Carlos de Castro, era un “entusiasta del liberalismo”, según Celia Barbato y un “ultraliberal” según Ulises Graceras. Sus sucesores inmediatos también fueron liberales, pero a medida que comenzó a operar la socialización que describe Nozick, el signo ideológico fue cambiando, a punto tal que el catedrático en 1936 pasa a ser Carlos Quijano. Otro apunte; la única expresión intelectual liberal de la primera mitad del siglo XX vino de un autodidacta en temas económicos, Julio Martínez Lamas.

Creo que la tesis de Robert Nozick aporta luz en el proceso intelectual del Uruguay y, aunque no sea la única explicación, “algo así tiene que ser cierto”, como dice el propio Nozick. Sólo una cosa más. Quiero señalar lo poco que los intelectuales uruguayos se estudian a sí mismos y lo complacientes que son cuando lo hacen. Salvo raras y honrosas excepciones, como el politólogo Adolfo Garcé, no se acomete la tarea de estudiar a los que estudian. Los intelectuales uruguayos deberían preguntarse qué nueva idea relevante han aportado en las últimas décadas. Me temo que la respuesta es estremecedora.

fuente_ http://www.lacalle.com.uy/blog/?p=351

1 Comentario»

  Juanma wrote @

Hernán intenta justificar que los intelectuales uruguayos sean de izquierda por el supuesto hecho de que el mundo capitalista no reconoce sus méritos intelectuales. ¿El único argumento para que los intelectuales uruguayos no sean de derecha es porque el capitalismo no reconoce sus méritos? ¿Y esto quién te lo cree? ¿Acaso esos intelectuales no trascendieron y no fueron reconocidos por sus obras? Yo creo que el mundo capitalista en el que vivimos los ha reconocido y los reconocerá muy bien a lo largo del tiempo, por lo que no veo motivo por el cual creer que la falta de reconocimiento sea la causante de que dichos intelectuales sean de izquierda.
Por otro lado, el autor subestima a los intelectuales afirmando que solo se estudian a si mismos. Y subraya a Adolfo Garcé como el diferente. Personalmente he leído varios artículos y entrevistas de Garcé, sobre el cual no tengo un mal concepto pero creo (opinión subjetiva) que tiene tendencias a favorecer en sus opiniones y declaraciones a ciertos sectores políticos. Tal vez Bonilla sea parte de este o estos sectores y por eso se debe la mención.

Otra pregunta que surge de leer este articulo ¿Acaso los intelectuales no tienen argumentos para ser de izquierda? ¿todo se debe a un problema de reconocimiento? ¿Acaso la derecha uruguaya no ha sido participe del declive de la economía, de la educación, de los valores de los uruguayos? ¿Acaso la derecha no ha sido la principal y única fuerza de lucha para que se mantenga la integridad de dictadores y violadores los derechos humanos? ¿Acaso no fueron participes de los robos mas grande del estado? Si sigo podemos encontrar mas argumentos para estar en contra de la derecha uruguaya…
De todo corazón ¡paupérrimo el aporte de Hernán!


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